La región de Antofagasta hace ya varios años que está en los ojos, tan soñadores como certeros, de Francisco Dittborn, el creador de Museo Taller. Pero no es por la tradición maderera de la zona, ni tampoco por ser una expresión ejemplar de alguno de los oficios que hoy en día se exhiben en Museo Taller; es más bien por estar allí donde se necesita la cultura, la educación y el aprendizaje a través del hacer, el rescate patrimonial, la puesta en valor de la sabiduría de artesanos y cultores. Es también por acercar con tenacidad y compromiso las colecciones, los talleres y las actividades pedagógicas adonde se necesitan, especialmente para niñas, niños y jóvenes, aunque también para toda la comunidad.

Y entonces, viajamos a 1.347 kilómetros de Santiago, al alero del trabajo que se ha realizado en el Barrio Transitorio de La Chimba, construido en 2015 y que ha logrado construir un tejido social y un trabajo que promovió la autoconstrucción y la organización comunitaria. Era evidente que la presencia de un museo y de talleres para niñas, niños y jóvenes no estaba en la lista de prioridades que, en esos días, estaba encabezada más por acciones de supervivencia que de contenido cultural.

Pero para nosotros, la cultura, la educación, el juego, el aprendizaje a través del hacer, la valoración del patrimonio ES nuestra prioridad y pedimos permiso para estar allí, compartirla y apoyarla.

La cultura, la educación, el juego, el aprendizaje a través del hacer, la valoración del patrimonio ES nuestra prioridad.

Después de varias visitas, conversaciones y alianzas, a principios de 2025 llegamos con “serruchos y martillos” pero no a construir viviendas, sino a exponerlos y a poner en valor el trabajo de tantas manos, conocidas y anónimas, que levantaron las viviendas que allí habitan.

Hoy tenemos allí una orgullosa sede de Museo Taller, abierta para la comunidad, las escuelas, los apasionados de la madera y, sobre todo, para quienes quieren estar rodeados de la belleza de lo simple, de la belleza de los procesos.

Esperamos que la comunidad se acerque, que los colegios repleten el Museo, que las y los vecinos encuentren allí todo lo que un museo puede darles: colaboración, cultura, compañía, aprendizaje y expansión infinita de los horizontes.