Puro Amor

24 julio, 2018

Ubicado en calle Root 563, en la comuna de Santiago, está Museo Taller. Un espacio dedicado a unir dos mundos a través del amor por lo que se hace, con la madera como materia articuladora.

Una antigua casa de 1929 ubicada en el centro de Santiago, con un gran naranjo en el centro, fue el lugar elegido por Francisco Dittborn para contener más de 700 herramientas de carpintería de su colección y que van desde 1870 a 1950. Entre ellas se ven sierras, martillos, niveladores, taladros, metros y cepillos. Una colección viva, donde las herramientas también están en el lugar para ser usadas por los visitantes.
El espacio, que reúne la pasión de los últimos 15 años de Dittborn, fue bautizado como Museo Taller, y es el puente perfecto entre estas dos palabras. Vivir la experiencia es sentir cuando las cosas se hacen con cariño. Ese mismo cariño que permite entender los usos, manufactura e historia de la madera llevada a su máxima expresión.

El taller se entiende en cada visita guiada, donde los visitantes trabajan con madera, construyendo un proyecto pensado para su edad y con herramientas adaptadas para los más chicos, esto con un sistema constructivo abierto denominado Formakit. “Nuestro objetivo es despertar y estimular la creatividad de los visitantes, viviendo la experiencia de ‘aprender haciendo’ en un espacio de taller”, dice Marcela Bañados, subdirectora del museo.

Paralelamente está el trabajo por parte del museo de poner en valor la relevancia de la madera en nuestra vida cotidiana; valorar los oficios manuales, especialmente la carpintería. Aquí ocurre un reencuentro con el pasado, con el patrimonio y aspiramos a que se produzca una valoración de los oficios y saberes tradicionales. En este museo buscamos equiparar mundos; en general en los espacios educativos se privilegia la entrega de conocimientos por medio de procesos intelectuales; aquí queremos que esos contenidos se fijen por medio de la experiencia del hacer.

Es un lugar que genera mucha emoción, tanto en el sentido de la memoria y el recuerdo como en su acepción de movimiento, una experiencia que te saca de un lugar, el de la contemplación, y te impulsa a otro, el de la acción“, explica Marcela.
Para apoyar esto se pensó la sala de exposición permanente; un taller adaptado especialmente para niños y niñas; la recreación de un taller antiguo de carpintería y una sala audiovisual en la que se introduce al mundo de las herramientas y la madera mediante un atractivo video realizado por Francisco Arévalo, de Riolab.

Una experiencia perfecta de principio a fin, donde el hilo conductor ha sido la intuición de Francisco, quien –tras editar su libro en el 2015 de herramientas– decidió dar el siguiente paso que fue crear este lugar que se articuló desde tres ejes: el ingenio, la intuición y la creatividad. “Para armar el museo hubo que resolver miles de cosas, y la respuesta de Pancho ante cualquier problema siempre fue ‘ahí vemos’, y seguíamos adelante. Su otro lema es ‘hay que hacerlo ahora’”, dice Marcela Bañados.

Un espacio de asombro infinito con las puertas abiertas para todos quienes necesiten experimentar y emocionarse. Dittborn es el que sueña e imagina y el equipo del museo va nombrando lo que él quiere hacer para que todo lo que ahí exista tenga un fundamento. “Este es un museo hecho de pura pasión. El llamarse Museo Taller hace que se contraponga y a la vez coexistan la insitucionalidad y formalidad con el hacer y la práctica”, suma Marcela.

Texto, Soledad García-Huidobro. Fotos, Alejandra González.

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